Me despierto muy despejada. Es tarde por la mañana, alrededor de las once o las doce, puedo deducir por la posición del sol en la ventana. He dormido muchísimo, teniendo en cuenta que me he acostado alrededor de las siete de la tarde.

Marco debe estar despierto. Sonrío y me incorporo en el sofá. Me levanto dolorida ya que el sofá es más pequeño que todo mi cuerpo y mi cuello ha pasado incontables horas en una posición antinatural. No me extraña que me duela.

Toco a la puerta de mi habitación, donde dejé a Marco descansar. No recibo respuesta. No puede estar todavía dormido. Abro la puerta con lentitud y cuidado, procurando hacer el menor ruido posible. Me dispongo a asomar la cabeza por la abertura cuando, de repente, oigo abrirse el agua de la ducha. Doy un respingo y vuelvo la cabeza. No hay nadie más en casa. Tiene que ser él.
– ¿Marco?
Me quedo quieta, como si el ruido de mis pasos me fuera a impedir escuchar su respuesta aunque la respuesta no llega.
– ¿Marco? ¿Estás en la ducha?
Vuelvo a preguntar por él, pero debe estar bajo el chorro del agua sin oír mis llamadas. Probablemente sea ese el motivo por el cual no responde. Entreabro la puerta del baño, no quiero incomodarle aunque eso no debería suceder ya que las cortinas de la ducha son prácticamente opacas. Sin embargo, no lo son del todo y, a través de ellas, consigo distinguir una silueta que me resulta familiar sin embargo no se parece en absoluto a la de Marco.

Un maullido me hace girar bruscamente la cabeza hacia la ventana para ver un gato negro fulminarme con la mirada.
Espera, los gatos no fulminan con la mirada. Le miro fijamente a los ojos gélidos cuando el gato salta a mi cara, bruscamente.
Haciendo fuerza consigo apartarlo de mi piel, no sin antes recibir varios arañazos que me hacen sangrar. El gato cae al suelo, de pie, y sube al alféizar de la ventana antes de saltar hacia abajo.

Miro extrañada. Vivo en un quinto piso. El gato ha saltado hacia la carretera. Me asomo a la ventana cuando oigo descorrerse las cortinas de la ducha. La silueta de la ducha, el gato me había distraído haciéndome olvidarla. Me giro bruscamente y él me tapa con fiereza la boca, para evitar que grite. Es Nick, desnudo y con las gotas de agua resbalando por su piel, tira de mi cuerpo acercándolo al suyo y comienza a deshacerse de mi ropa con deseo. Opongo resistencia, no puedo creer lo que está pasando. Forcejeo pero Nick es capaz de sujetarme con un solo brazo. Mi unica salida es morderle la mano, y lo hago. Nick se aparta de mi con un quejido. Intento escapar por la puerta del baño, sin embargo, él se interpone en mi camino. No me queda más remedio. Sin pensarmelo dos veces salto por la ventana.

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