Se abren las puertas del ascensor en la última planta del edificio. No es que sea un rascacielos de Nueva York pero yo nunca había estado en una planta 18. No es que sea un problema, lo único que tengo que hacer es no mirar por las ventanas, que espero que no sean muchas.
Salgo del ascensor y me encuentro en una especie de hall, no debe tener más de cinco metros cuadrados. A parte del ascensor no hay prácticamente nada. Es muy pequeño aunque supongo que esa es la razón por la que una sola lámpara de techo es más que suficiente para iluminarlo bien. No hay cuadros en las paredes de madera ni plantas o esculturas en el suelo aunque, por las marcas puedo deducir que en algún momento las hubo. Sigo mirando a mi alrededor, buscando algo en lo que entretenerme pero no puedo dejar de fijar la vista en la puerta. Parece de plata, aunque dudo que lo sea. No puede ser de plata, pesaría muchísimo. Me dirijo a tocar el timbre pero no lo hago. Me cercioro antes de que llevo la carta. No sé si aparecer con ella en el bolso o en la mano. Me estoy poniendo nerviosa. Debe ser por el contenido de la carta. Al final decido llevarla en la mano. Toco el timbre y Nick, en cuestión de segundos, me abre la puerta.
– Pasa.
Suspiro levemente para relajarme un poco pero sin que él note que estoy nerviosa y doy un par de pasos adentrándome en el ático.

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