Me levanto a llevar los boles a la cocina y cuando vuelvo, Marco se ha vuelto a quedar dormido. Sea lo que sea lo que tiene le está dejando realmente agotado. Vuelvo a la cocina y lavo los platos y los cubiertos. Este apartamento tiene de todo menos lavavajillas. Después de recoger todo salgo a sacar la basura y en el ascensor me encuentro con el casero. No sé por qué, ese hombre tiene algo que hace mirarle fijamente cada vez que lo veo. Mientras yo saco la bolsa al contenedor, él revisa su correo. Cuando termino llamo al ascensor que se había marchado y, cuando me dispongo a entrar, oigo su voz.
– Lea. – No sé que puede querer de mí, le he pagado. Doy media vuelta y me pongo frente a él.
– ¿Sí?
– ¿Tienes un minuto?
– Sí, supongo que sí.- Marco está dormido, no tengo nada mejor que hacer arriba.
– Necesito hablar contigo.- Esto es muy raro, me está poniendo nerviosa pero no lo demuestro.
– ¡Claro! Dime.- Fuerzo una sonrisa.
– ¿Podrías acompañarme a mi apartamento? Es importante.- Esto es preocupante. El hombre no tiene apariencia de violador, sin embargo, no se me ocurre otra razón por la que quiere que vaya.
– ¿No podemos hablar aquí?
– Soy tu padre.
– ¿Qué? – No puede ser. ¿Mi padre?
– Mi nombre es Nicholas Malzyeu aunque todo el mundo me llama Nick. Tu nombre es Lea Alyson Malzyeu. ¿Nunca te has preguntado de dónde viene tu apellido?
– Siempre pensé que James era mi…
– ¿James? No tuve el placer de conocerle. Tu madre me obligó a marcharme cuando supo que estaba embarazada. Ella era una mujer muy guapa y muy rica y yo la quería, de verdad que la quería. Sin embargo mi fortuna no era ni mucho menos comparable a la suya y sus hermanas la convencieron de que yo quería atarla y, el embarazo, que no fue ni mucho menos buscado, hizo que tu madre se creyera toda la historia de sus hermanas.
– ¿Quieres decir que no me queríais?
– Eramos jóvenes.- Me lo creo, Nick no aparenta más de 38 años, y yo tengo prácticamente dieciocho. Mi madre sin embargo aparenta más. No sé si tiene algo que ver con su alcoholismo o es realmente mayor que él.
– No entiendo. Si te hizo marcharte porque no me quería, ¿Por qué no abortó?
– No lo sé. Yo pensaba que lo había hecho. Yo tenía veinte años, ella era mayor que yo. Veinticinco. Me echó de su vida y sus hermanas se cercioraron de que no volviera a hablar con ella. Sin embargo, sí tuve contacto con su madre. Tu abuela. Ella me quería y sabía que yo tenía buenas intenciones, sin embargo tu madre nunca le hizo caso a ella y sí a sus hermanas. De ella sé que empezó a beber cuando yo me marché y de ella también sé que tú naciste sin ninguna complicación ni deformación. Simplemente, perfecta. Tal y como eres ahora. Naciste el treinta de noviembre de 1992 y te registraron como Lea Allen sin embargo tu verdadero apellido es Malzyeu. Allen no es tampoco el apellido de soltera de tu madre, supongo que es el de ese tal James. Háblame de él.
– Mamá parecía realmente enamorada de él, aún estando bebida le quería y, cuando él se enfadaba con ella, era capaz de dejar de beber por tres días. Nunca más, está claro. Gracias a él, mamá fue a rehabilitación y dejo el alcohol. Sí, su nombre es James Allen y murió hace seis años en un accidente de coche provocado por mi madre, pasada de copas. A partir de ahí volvió a beber constantemente. Es más, creo que desde entonces no ha vuelto a estar sobria. Me trataba muy mal y también lo han hecho todos sus novios posteriores a James. Borrachos como ella o adictos al sexo que no la querían a ella.
– ¿Su fortuna?
– No, para nada. La abuela murió hace unos ocho años y no le dejó nada ni a mamá ni a sus hermanas. Creo que por eso me dio mi primera bofetada. Parecía muy cabreada cuando volvió a casa.
– ¿Helen ha muerto? – Asiento.- Me extrañaba que perdieramos el contacto, ahora sé por qué.
– Lo siento.- El silencio reina nuestra conversación durante unos instantes mientras yo intento asimiliar toda la conversación. Es increíble, sin embargo yo le creo. Ahora sé por qué no podía dejar de mirarlo. Tenemos los mismos ojos.
– ¿Y no te dejó a ti nada? Piénsalo. A lo mejor por eso estaba tan cabreada contigo.
– Si me hubiera dejado algo, ella podría habermelo quitado, ¿no?
– No si tu abuela lo impedía expresamente…
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